Una mañana en el casco histórico. El grupo se reúne temprano, camina despacio por calles de adoquín y se detiene en dos o tres fachadas para leer molduras y balcones. La guía narra sin apuro, hay bancos de plaza previstos como paradas y el recorrido se cierra antes del mediodía. Lo que queda: una ciudad que se entiende mejor porque se miró en detalle, no porque se recorrió entera.